Quizás sea atrevida mi intención, porque decir esto desde un pueblo perdido como en el que me encuentro posiblemente no llegue a nadie y también, muy posiblemente, no esté enterado de la misa la mitad… pero basándome en los hechos vividos en primera persona, creo que muy desencaminado no iré.
A nombre de la Asociación ATG llegan una o dos cartas semanales: recibos del banco, publicidad de empresas de autobuses, de empresas de formación, etc. pero sobre todo, de la administración.
