Sunshine una foto en Flickr de sebasstyle
El día ya comenzó sin tener sentido. Un sol cenizo caldeaba el aire y lo convertía en irrespirable, aunque ya las ganas de seguir respirando y viviendo se habían extinguido. Me arrastré al bar a tomar ese café que me da energía hasta que llega el almuerzo, cuando consigo dar el primer bocado del día. Ya nada sabe a nada, sus besos se llevaron mi paladar y todo lo que me queda tiene sabor a vacío.
Ella marchó. Sin despedirse. Sin acudir a la última cita. Dejándome con la mirada clavada en una copa que nunca se vaciaba y de la que yo nunca fui capaz de beber. Se marchó al despuntar el día… cuando yo aún no había logrado pegar ojo y mi espíritu vagaba incontrolable buscándola en donde, se suponía, tenía su lecho. Ese lecho que quedó deshecho, al igual que mi corazón maltrecho.
Los ecos de sus risas siguen propagándose en mi mente en un ciclo infinito que no quiero que acabe. Su voz rota sigue despertándome de mi letargo cada vez que la recuerdo.
Los pasos a la orilla del mar se perderán, las puestas de sol serán cada día más temprano, las cigüeñas emprenderán su viaje al sur y yo… yo seguiré esperando verla volver agarrada de la mano de su pequeño.
Sé dónde no te encontraré. Sé qué cara no tienes, ni que voz, ni que mirada.
Sé de ti por mis vacíos, por las ausencias de la gente, por las palabras que no llegan.
Sé todo y nada, al tiempo.
Otra noche más de esas que andas perdido. Deambulas entre la gente, miras caras desconocidas, encuentras algunas que aún siguen en tus recuerdos, como marcas de momentos vividos y que desde la distancia parecen mejores, como llenos de una magia que no has vuelto a revivir.
Pero no desfallezco en mi intento de encontrar bajo las estrellas el alma perdida que busco y me busca. Ambos caminamos sobres las vías del mismo tren,por lo que tarde o temprano nos encontraremos en alguna estación abandonada y podremos terminar esta búsqueda que tantas veces me ha agotado y abatido, para continuar, ahora, por sendas apartadas, en las que nadie ni nada se interponga ante nosotros.
Introducción
Comenzando con el nuevo editor de vídeo que trae Ubuntu 10.4 de serie, PiTiVi, he cometido un error un poco tonto (50% error, 50% bug del programa), pero con fácil solución.

Proyecto en PiTivi
El Error
Hice un montaje con un par de clips de vídeo y una imagen y los guardé. El programa utiliza un formato de archivo basado en XML en el que conserva los ajustes del montaje que hagas. Pues bien, cuando terminé, me di cuenta que lo había guardado todo en una carpeta en el Escritorio, así que la moví a un lugar más adecuado. Hoy cuando he dio a abrir el proyecto me pedía que especificara dónde estaban los archivos, pues no los encontraba (50% del fallo mío), y al indicárselo no me lo importaba correctamente, se quedaba “colgao” (50% del bug del programa*).
La Solución
Al estar guardado el proyecto en un formato XML, es muy sencillo editarlo con cualquier editor de texto plano. Siendo así, que sólo hay que reemplazar las rutas erróneas por las actuales y correctas. Y volviendo a abrir el proyecto, comprobamos que todo estaba como lo dejamos ayer.
“Dejamos para mejores momentos todo lo inevitable, y ahora, en una situación imperturbable, todo es imposible porque una persona se interpuso, entre un alma errante y un corazón recluso.”

Traducción:
-”Al comienzo de Regreso al Futuro”
-”Marty arroya un pino mientras escapa”
-”Casi al final de Regreso al Futuro”
Esta noche rompí con mi destino al son de una rubia con minifalda y voz de madrugada. Esquivando los puñales de lo inevitable al ritmo que mi cuerpo inventaba inspirado en la imagen de la luna y un castillo en ruinas, acompañado de fría cerveza y humo de un pitillo, que volvía a mis pulmones como dulce morador de mis entrañas.
Soñé dando saltos, deslumbrado más de una vez por las luces que jugueteaban entre nuestros pies. Grité y reí hasta saciar mi alma y atiborrarla de felicidad, tanto que dolía de dentro hacia fuera, como intentando escapar.

Rosa blanca bajo luz trémula
Pero no, esta vez no escapará. Y si no la ato finalmente con la fuerza de mi esperanza, será cuando venza al diablo de mis temores.
Y entonces bailaré, gritaré, soñaré y hasta podré llorar sin miedo a que me atrape la tristeza. No, otra vez no.
Lo único que faltó fueron unas palabras, y otras, lo único que sobró; pero fueron consecuencia de actuar conforme yo mismo soy: sin inventar nada y sin ocultarlo.
Esta noche no miré a los ojos a ninguna estrella, pero siento el mismo fuego quemando mis pupilas, sólo que con una mirada grabada en ellas.


